Hace un par de semanas escribí sobre cómo mis hijos habían descubierto la obra de René Magritte en el cole (y yo redescubierto con ellos) y lo mucho que nos había inspirado… De entre todas sus pinturas me volví a quedar fascinada con una de ellas: La voz de la sangre (1947).

El árbol-armario aparece cobijando una casa señorial en penumbra, iluminada por dentro, y recuerda a la serie de El Imperio de las luces pero esta vez la imagen como en un claro del bosque, apartada de todo, todavía resulta más mágica.

En seguida me entraron ganas de hacer una casita de papel con una velita dentro (eléctrica, por supuesto) y la idea del tronco-tarta vino después.

Más abajo encontraréis el enlace a la plantilla para hacerla.

Es muy sencillo, sólo has de imprimirla en una cartulina Din A4, perforar las ventanas con un cutter, recortarla y montarla.

Encontrarás un rectángulo que podrás utilizar como base, para que la casita no se manche con la tarta y poder colocar la vela. Yo lo forré con film y después coloqué la casita encima.

Utilicé un poco de masa de bizcocho teñida con zumo de espinacas para, una vez horneada, desmigarla alrrededor de la casita a modo de vegetación y para ocultar la base rectangular.

La tarta es un bizcocho doble, para ganar en altura, recubierto con crema de cacao oscura alrrededor y blanca (con toques de marrón para simular las vetas del tronco) por arriba. Haz las hendiduras de la corteza con un tenedor y ¡listo!

Descarga la plantilla aquí.