La primera vez que ví un cuadro de Magritte, yo era muy pequeña. Era una roca flotando en el cielo con un castillo en lo alto y, aunque quizás todavía no tenía muy claros los conceptos de ligereza, peso o espacio, me resulto chocante.

Más adelante comprendí lo que representaba aquella metáfora, pero igualmente me producía cierta sensación de incertidumbre; opuestos enfrentados que escapan a la lógica, a las explicaciones del mundo conocidas y aceptadas.

Estas semanas, mis hijos han conocido la obra de algunos pintores en el cole -entre ellos Magritte- y me ha resultado curioso volver a descubrir, a través de sus ojos, que realmente lo que el surrealismo trata de reflejar es que nada es imposible, y cómo se acerca a la manera en que un niño mira y entiende el mundo.

Así que, sí, Magritte se ha convertido en una inspiración contínua de la que han surgido muchas ideas y la primera de ellas es esta manzana.

Aquí en Holanda cada vez que un niño cumple los años, lleva al cole una ‘traktatie’. Se trata de un obsequio (generalmente para comer) a cada compañero de clase, y en los colegios insisten mucho en que sea algo sano. Aún así los padres y madres de este país le dan el toque crafty y hacen, con nada, auténticas obras de arte. Así que nuestra próxima ‘traktatie’ será una obra de arte literal, un Magritte!

Para hacerlo necesitarás:

  1. Imprimir la plantilla en una cartulina y recortar.
  2. Encontrar una manzana con tallo y hojas o simular una. Yo cojí una ramita con hojas del jardín y la pinché en la manzana.
  3. A la hora de montarlo has de tener en cuenta de que no todas las manzanas son iguales; yo he utilizado una manzana mediana. Recorta un poco el hueco si lo necesitas y, si te pasas, siempre puedes clavar un palito de madera (de los de brocheta) de lado a lado de la manzana, atravesándola por el centro y pegarlo por detrás de la cabeza con cinta adhesiva.

Descarga la plantilla aquí.